Voluntad política, un mantra cultural

Voluntad política, un mantra cultural

Voluntad política, un mantra cultural

Volvemos del Festival de circo de Ávila Cir&Co con muy buenas sensaciones en general acerca de un festival en el que, aparte de tratarnos exquisitamente, tanto a nosotros como a los artistas, además de contar con espacios de ensueño, además de ser una verdadera fiesta mayor para la ciudad, además de todo eso, distintas administraciones se vuelcan con el propósito de que el festival de desenvuelva de la mejor forma posible.

En proyectos de este tipo, como en tantas otras cosas que nos rodean, muchas de ellas invisibles para el ciudadano, existe una fórmula mágica que puede significar la diferencia entre el éxito y el fracaso o incluso entre la viabilidad o la suspensión: la voluntad política. Un concepto que, si se repite muchas veces y seguido, se convierte en un mantra, normalmente inalcanzable, para quienes estamos detrás de los mandos de, por ejemplo, un festival cultural como puede ser Festival Circada, uno de nuestros principales proyectos.

Como se puede comprobar en las distintas fotos, en la ciudad de Ávila durante una semana se vive una auténtica transformación. La Comunidad Autónoma financia el festival y el Ayuntamiento pone de su lado, y mucho, para facilitar su desarrollo. En la ciudad se respira circo, pero también se respira un ambiente de colaboración, de suspensión temporal de lo cotidiano, que se supedita en beneficio de todos, canalizado este beneficio a través de un proyecto cultural. Los operarios del ayuntamiento trabajan en transportar y colocar sillas o vallas o en mover elementos urbanos (papeleras, bancos…) de sitio. La policía está atenta a cortes de calle, informar al paseante o echar una mano con lo que sea. La ciudad y el festival están bien vestidas en cuanto a infraestructura “festivalera” con proyecciones sobre la muralla, gradas, banderolas y otros elementos para generar empaque. Que la programación y los artistas también estén cuidados (hoteles, dietas, equipo humano de soporte…) es otro ejemplo de comprensión de la administración de un proyecto ejecutado en parte por una empresa de producción cultural.

Vallas para perimetrar zonas de actuación

Vallas para perimetrar zonas de actuación

Autorización de vehículos para organización y artistas

Autorización de vehículos para organización y artistas

Acometidas eléctricas desde el alumbrado público

Acometidas eléctricas desde el alumbrado público

Camiones y operarios del ayuntamiento al servicio de Cir&Co

Camiones y operarios del ayuntamiento al servicio de Cir&Co

Sillas para calle de propiedad municipal

Sillas para calle de propiedad municipal

“Voluntad política” es de lo que hablamos los distintos agentes que trabajamos en cultura, ya seamos artistas, gestores, técnicos o profesionales de la comunicación, cuando reclamamos de la administración “algo más que dinero”. El dinero es importante, por supuesto, y mucho, pero hay cosas tangibles e intangibles que el dinero no es capaz de generar y que están en manos de las administraciones públicas y de nadie más.Entre las cosas tangibles o prácticas que el dinero no puede comprar podríamos enumerar, entre otros, los cortes de calle y/o accesos especiales, las autorizaciones de usos de espacios, las acometidas eléctricas en calle (mucho más estables que los temidos grupos electrógenos), el permiso para retirar temporalmente un macetero, el acceso para colgar un elemento gráfico de una fachada, o la cesión de un espacio de propiedad pública para logística (un almacén, un camerino o un párking, por ejemplo). También cabe destacar el asunto de “los tiempos”, es decir, con qué antelación sabemos qué aportación vamos a recibir, de qué espacios públicos dispondremos, etc., una cuestión ésta que otros festivales compañeros en Sevilla, como Zemos98 o Mes de Danza llevan años poniendo sobre la mesa y que, en gran parte, es la causante de la muerte por agotamiento del primero de ellos. Los proyectos salen mejor o peor, cuestan más o menos dinero o, directamente, tienen que suspenderse, en función de cuándo se dispone de la información sobre este tipo de aspectos.

Igualmente, las administraciones públicas cuentan con unos recursos a los que sacar partido o no, o a los que poner a funcionar orientados a unas cosas o a otras. Desde plantillas de trabajadores de todos los tipos, incluyendo por supuesto a sus gestores culturales, con los que se podría entrar en colaboración, a bloques de hormigón para contrapesar estructuras o maquinaria con la que transportar materiales. Todos estos recursos están ahí y saber ponerlos al servicio de actividades de servicio público, como son los proyectos culturales, es una manera de generar más actividad y de ahorro presupuestario, porque cuando la producción de un proyecto cultural no cuenta con estas facilidades no queda más remedio que suplirlas con compras, alquileres y gastos a menudo innecesarios.

El apartado de intangibles no es tampoco nada desdeñable porque influye, y mucho, en el éxito y la consolidación de un proyecto. Tiene que ver con el mimo, con la atención y con las ganas de proyectar en común. Empezando por la forma en la que una ciudad se apropia (en el buen sentido) o de cómo las instituciones nos tienen presentes o cómo nos ignoran en las innumerables situaciones en las que podrían sacarnos a colación. El ciudadano (y los medios de comunicación) perciben perfectamente cuando las instituciones orientan sus esfuerzos y su interés hacia un sitio u otro y posicionar un proyecto sin contar con esa legitimidad es un sobreesfuerzo no solo enorme sino lamentable. Ningunear o sumar.

Y decimos “sumar” porque no se trata de pedir sin dar nada a cambio. Se trata, como decíamos arriba, de “proyectar en común”, en el sentido de la proyección o manera de hacer visible un proyecto, pero también en el sentido de construir ese proyecto. Entrar en diálogo para conocer las necesidades de un territorio y de esa manera poner el festival (o el proyecto que sea) al servicio de esas necesidades termina siendo beneficioso para todas las partes, siempre. Pero para eso es necesario diálogo, y para ese diálogo es importante que exista… adivinen… voluntad política.

La voluntad política tiene mucho que ver con la comprensión o no del proyecto por parte de la administración, con la profundidad (o a veces solo la “existencia”) del diálogo con las instituciones y, por supuesto, con el interés. En el caso de Circada, después de ocho ediciones, estamos aún muy lejos de sentirnos satisfechos por el nivel de conocimiento, interés y capacidad de trabajo común que la administración tiene sobre el festival. Hemos dado pasos, por supuesto, con todas las instituciones implicadas y tenemos ilusión en los nuevos ciclos que están por llegar, pero nuestra aspiración es la de seguir avanzando, y mucho, en este terreno.

Tal vez sea éste un artículo demasiado técnico o con demasiados detalles y demasiado concreto, pero estoy convencido de que muchos compañeros se sentirán identificados y que tal vez, algunos de los usuarios, no solo de Circada sino de otros proyectos culturales, puedan sentirse más cercanos al entender mejor ciertas cosas. Seguimos.

Gestor cultural y experto en comunicación cultural. De mi cabeza han salido proyectos como la revista LaTeatral, el Festival Circada o la web ElClubExpress. En el fondo solo soy un simple inventor

1 Comentario

  1. María Gonzalez 2 años hace

    ¡¡Muy buen analisis!! Sin voluntad política o dicho de otro modo, sin esta complicidad por parte de las administraciones, que pasa obviamente por entender el proyecto, un proyecto no puede crecer porque estamos siempre en la urgencia resolviendo desgastando la energía que se necesita para poner en pie nuevas ideas y estrategías que permitan que el proyecto avanze en beneficio de un sector profesional y de la ciudadanía en general.

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